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  • Foto del escritorMiguel González Graniel

Las 6 principales lecciones que he aprendido al trabajar con universitarios

No recuerdo cuál fue el principal motivante que me llevó a plantear un proyecto como la Columna Universitaria ante la empresa.

Para poner un poco de contexto, la Columna Universitaria fue un proyecto que buscaba jóvenes universitarios que quisieran publicar una columna semanal sobre temas de marketing.

En un principio nos pareció simplemente una buena idea. Publicar a estudiantes universitarios que quieran escribir sobre temas de Marketing y Negocios de tal forma que puedan crear un portafolio que les sirva como un activo extra cuando ingresen al mercado laboral.

El proyecto inició a mediados de 2013 con cuatro chavos; Carlos, Rosaly, Gerardo y Mónica. Esa fue la primera etapa, ese fue nuestro experimento. Durante esa primera etapa los resultados fueron (si he de tener un poco de autocrítica) poco menos que mediocres. Y no es que los chicos no tuvieran talento, sino que el proyecto era demasiado improvisado, demasiado inmaduro; necesitaba pasar más tiempo en una etapa de gestación y planeación.

En fin. La falta de organización y metodología ocasionó que el proyecto tuviera que ser suspendido. Los recursos eran insuficientes. Como empresa en pleno crecimiento, era casi imposible atender a los clientes que teníamos y a la Columna Universitaria con la misma calidad y enfoque. Si he de ser honesto, más que una pausa, pensé que la Columna estaba destinada a empolvarse junto a tantos otros archivos en la gaveta de “buenas ideas por realizar”.

No fue hasta diciembre de 2013 en que decidimos retomar el proyecto con una mayor organización interna; y después de 7 meses transcurridos, la Columna Universitaria me ha dejado muchas enseñanzas acerca de los jóvenes que actualmente cursan una carrera universitaria. Las principales son las siguientes:

Muchos estudiantes tienen una desesperada necesidad de retos que muchas escuelas y prácticas profesionales no pueden darles

Una de las primeras grandes sorpresas que me llevé cuando estaba el proyecto en marcha, fue el entusiasmo con que los estudiantes estaban dispuestos a aprender sobre temas comúnmente alejados de los grandes favoritos en Marketing. Muchos han demostrado un gran entusiasmo hacia temas de estadística aplicada, análisis de datos e investigación.

Los estudiantes se muestran satisfechos cuando se les presentan temas complejos de la industria. Están deseosos de volverse profesionales competentes y están conscientes que al salir de la universidad, en un mercado globalizado, su competencia se encuentra distribuida en cualquier lugar del mundo, por lo que no pueden quedarse atrás.

Parte del éxito del proyecto se debe a que el estudiante es retado y desafiado intelectualmente de una forma que no siempre lo hacen las escuelas o las empresas en donde realizan sus prácticas profesionales. El compromiso de nosotros como asesores es desarrollar profesionales de élite. Sabemos que el camino es largo, pero los resultados iniciales hacen que el futuro sea halagüeño.

Muchos estudiantes necesitan una figura de autoridad que les ayude a manejar su ego

Saber manejar el ego es algo complicado para cualquier persona, no importa la edad que tenga. En los estudiantes no se trata de romperles las ilusiones y moldearlos para que sean aprendices de Godínez, sino que hay que saber presentarles la realidad del mercado y su valor objetivo como profesional de acuerdo a las habilidades que tengan y a los resultados que produzcan.

Los estudiantes tienen (unos más que otros) conocimientos teóricos que les permiten resolver situaciones complejas en las aulas; sin embargo carecen, en la mayoría de los casos, de la experiencia práctica que les permita aplicar todos esos conocimientos en un escenario real.

El estudiante necesita entender que no es un experto al salir de la escuela, así como a tomar los retos con humildad y emoción. Cuando utilizo la palabra humildad, no me refiero a que actualmente todos sean prepotentes o soberbios  ante las situaciones que se les presentan (algunos sí, pero no todos), sino que, en ocasiones se dejan llevar por esos conocimientos adquiridos en las aulas y hacen recomendaciones con base exclusivamente en los escenarios planteados en la escuela, soslayando que existen muchos factores que afectan a una empresa que sólo se pueden aprender con la práctica.

El ego del estudiante se manifiesta a través de cierta intransigencia que a veces tienen para resolver problemas de una forma distinta a cómo lo aprendieron en la escuela. Reitero, no todos son así, pero de forma inconsciente,  muchos creen que tienen los conocimientos suficientes como para aconsejar a un empresario, a pesar de que todavía no cuentan con ningún tipo de experiencia que les asegure que sus métodos son los adecuados.

La principal labor que tenemos como asesores, es hacerles entender que nunca dejamos de aprender, que tendrán muchos errores en esta etapa de desarrollo y que no se deben tomar ninguna crítica de manera personal.

Tenemos que aprender a enfocar nuestros esfuerzos en estudiantes que quieran superarse y tengan la disciplina y la iniciativa para hacerlo

La Columna Universitaria está diseñada para ser inclusiva, cualquier estudiante de habla hispana es bienvenido en el proyecto. Sin embargo, así como todos tienen una oportunidad, también es importante mencionar que no todos los estudiantes involucrados reciben el mismo trato una vez dentro del proyecto.

Cada universitario recibe más o menos beneficios conforme a su desempeño y participación en la Columna. Los beneficios que reciben los muchachos se enfocan en la búsqueda de asesores particulares o mayor difusión de sus artículos. Esto con motivo de emular el sistema de competencia que existe en el campo laboral actual.

Ser condescendiente con un estudiante es un error

La Columna Universitaria cuenta con grandes asesores que brindan su tiempo para leer, comentar y aconsejar a los estudiantes que publican. Una de las principales cosas que les pedimos cuando se les invita, es que expresen su opinión honesta ante el trabajo de ellos.

Considero que es un insulto a la inteligencia de un universitario que lo feliciten constantemente sólo por el hecho de tener la iniciativa de hacer algo. Si bien es un acto plausible, también tenemos que exigirle de acuerdo a sus capacidades. La ventaja de la Columna es que no importa cuántos errores tengan, nadie puede eliminarlos del programa por eso.

Debo confesar que me impresiona la forma en la que los columnistas han respondido ante críticas severas. Han demostrado un nivel de madurez emocional que es difícil encontrar incluso en profesionales con varios años en el mercado.

Ser exigentes con los columnistas ha tenido un tremendo impacto en la calidad de sus escritos; no sólo en la forma de redacción y ortografía. Han aprendido a ser más críticos, así como a investigar y ser más autodidactas.  Un estudiante necesita que le hablemos con la verdad, buena o mala. Es lo que les espera en el campo laboral después, sólo que entonces será con dinero de por medio.

Debemos dejar que se equivoquen, luego ayudarles a que se den cuenta de su error y que lo corrijan por si mismos

A menudo, cuando tengo la primera plática con un nuevo aspirante a columnista, les digo una frase: “Este proyecto está hecho para que cometas todos los errores que quieras, para que esos errores no aparezcan después en tu trabajo. Eres estudiante, es normal que te equivoques, y está bien que lo hagas”.

Durante la fase beta del proyecto, los alumnos me enviaban sus escritos para que los revisara y corrigiera en caso de ser necesario. Ellos seguían publicando, pero no era raro que el producto final tuviera varias correcciones en cuestión de gramática, ortografía o conceptos equivocados. Esto ocasionaba que muchos errores permanecieran entrega con entrega.

A raíz de esto se decidió que las columnas no tendrían ningún tipo de censura y podrían ser publicadas tan pronto el estudiante decidiera que estaba lista. Esto ha generado que se publiquen varios textos con errores ortográficos, gramaticales o con ideas equivocadas (propias de la falta de experiencia); pero también ha conseguido que estos errores sean atendidos por los columnistas y corregidos con el tiempo.

Tenemos que tener confianza en ellos para dejar que experimenten cosas, así como hacerles saber que cuentan con un respaldo cuando lo hagan.

Aprenderás tú de ellos tanto como ellos de ti

Finalmente, el punto más importante quizás, es el crecimiento que he tenido a raíz de leerlos diariamente, hablar con ellos, conocer de forma particular las circunstancias como viven, conocer sus expectativas y sus deseos como personas y como profesionales.

La Columna Universitaria es un proyecto al que quiero dedicarme por el resto de mi vida profesional. No importa cuantos cursos tome, cuantos diplomados tenga o a cuantas conferencias asista; las lecciones que he aprendido de cada uno de estos chicos es invaluable y les agradezco profundamente el hecho de mantener el entusiasmo que hasta ahora tienen.

Y como siempre, gracias por leer.

Cheers!

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